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Cómo cumplir con la Ley de cambio climático

AENOR apoya a las organizaciones en el ejercicio de gestión del carbono a través de diversas soluciones de evaluación de la conformidad

La nueva Ley de cambio climático tiene como objetivo ayudar a España a cumplir con sus compromisos internacionales en su lucha contra el cambio climático. Así, establece consideraciones referentes a las emisiones de gases de efecto invernadero, entre otros aspectos.

La Ley de cambio climático y transición energética ya es una realidad. Con el objetivo de facilitar la descarbonización de la economía española y su transición a un modelo circular, el texto llega en un momento clave para activar los fondos europeos de recuperación económica. Y es que, uno de los aspectos que se tendrá en consideración para acceder preferentemente a las ayudas económicas de la Unión Europea pos-COVID-19, como los fondos del paquete Next Generation EU, es la sostenibilidad. En particular, la descarbonización de la actividad empresarial hasta lograr la neutralidad del carbono.

 

El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia sitúa a la transición ecológica como uno de sus ejes centrales. Por ello, la Ley recoge los objetivos mínimos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, energías renovables y eficiencia energética de la economía española para los años 2030 y 2050. En este sentido, determina varios objetivos mínimos nacionales para el año 2030, como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 23 % respecto del año 1990; alcanzar una penetración de energías de origen renovable en el consumo de energía final de un 42 % como mínimo; lograr una sistema eléctrico con, al menos, un 74 % de generación a partir de energías de origen renovable, y mejorar la eficiencia energética disminuyendo el consumo de energía primaria en, al menos, un 39,5 % con respecto a la línea de base conforme a normativa comunitaria.

Así, incluye capítulos interesantes y necesarios para hacer frente a los impactos del cambio climático. Especial mención merecen algunas consideraciones referentes a las emisiones de gases de efecto invernadero que la nueva Ley incorpora:

  • - Todas las empresas deben calcular y publicar su huella de carbono. En este sentido, incide en que no se queden en este estudio inicial, si no que deban establecer un plan de reducción de emisiones siendo de carácter voluntario su compensación.
  • - Los materiales de construcción deberán tener la mínima huella de carbono con el fin de disminuir las emisiones totales del edificio.
  • - En los pliegos de contratación y en sus prescripciones técnicas particulares se establecerán criterios asociados a la necesaria reducción de emisiones y de la huella de carbono.
  • - La relevancia de los sumideros agrario y forestal y las externalidades que aportan.
  • Desde AENOR se apoya a las organizaciones en este ejercicio de gestión del carbono y su transparencia. Para ello, se han desarrollado diversas soluciones de evaluación de la conformidad que permiten, tanto en el ámbito de la organización como de producto, evidenciar con la confianza necesaria la exactitud e integridad de los cálculos, reducciones y compensaciones logradas, hasta llegar a la neutralidad (ver gráfico 1).

 

Calcular la Huella de Carbono

El primer paso para llevar a cabo su cálculo es conocer el estado de situación. Es decir, conocer las emisiones de gases de efecto invernadero que una organización, producto o servicio han generado durante un periodo de tiempo. Y es que, lo que no se mide, no se puede mejorar.

Para proceder a ese cálculo han surgido diversos referenciales para cuantificar, reportar y verificar la Huella de Carbono de una organización. Inicialmente fue el GHG Protocol, una iniciativa conjunta de WRI (World Resources Institute) y de WBCSD (World Business Council for Sustainable Development), el referencial más utilizado por ser el pionero en esta materia. Sin embargo, a raíz de su publicación en el año 2006 y su revisión en el año 2018, la Norma ISO 14064, que consta de tres partes, ha cobrado un especial protagonismo en este campo. La parte 1 está enfocada a organizaciones, la parte 2 a proyectos de reducción de emisiones o de aumento de remociones, y la parte 3 es la que determina cómo llevar a cabo las verificaciones, ya sean de tipo interno o externo. La parte 1 ha cobrado especial relevancia sobre todo con su última versión, al considerar necesariamente las emisiones indirectas derivadas de la cadena de valor empresarial.

De manera adicional, algunos sectores de actividad particulares han desarrollado nuevos referenciales con la finalidad de establecer unos criterios más específicos a su realidad y, al mismo tiempo, proporcionar una guía para las organizaciones del sector correspondiente. Este es el caso de, por ejemplo, el Protocolo ENCORD, desarrollado por los miembros de ENCORD (European Network of Construction Companies for Research and Development) orientado al sector de la construcción

Reducir las emisiones: posible palanca en la economía circular

Parece lógico que, tras el conocimiento de las distintas fuentes de emisiones y su intensidad, la organización esté en disposición de decidir dónde poner el foco para acometer las reducciones comprometidas.

Estas acciones pueden ser de muy distinta índole. En un principio la acción más habitual que las organizaciones venían acometiendo eran las relativas a la eficiencia energética, bien a través de proyectos aislados, o bien de una forma sistemática empleando como referencia la Norma ISO 50001. Pero pronto se han ampliado a las relativas a la adquisición de energía verde, esto es, energía procedente de fuentes renovables que cada vez más compañías distribuidoras la ofrecen en su oferta comercial.

Adicionalmente, hay que destacar la relevancia del ámbito de la economía circular como fuente de posibilidades para reducir la generación de emisiones de gases de efecto invernadero. Cabe citar las acciones asociadas a la prevención (como el ecodiseño) o las relativas a la gestión los residuos en donde, en su proceso de valorización -esto es, su reutilización, reciclado o valorización energética- se están mitigando emisiones frente a la alternativa de depósito en vertedero -acciones enmarcadas en el concepto Residuo Cero-, que puede ser certificada en el esquema de AENOR para tal fin.

En este sentido, AENOR ha desarrollado un nuevo certificado que ayuda a las organizaciones a definir su estrategia de Economía Circular y complementa a las soluciones mencionadas. Se trata del certificado Estrategia 100 % Circular con el que las empresas pueden identificar sus prioridades, decidir qué acciones realizar en función de esas prioridades e identificar cómo esas acciones contribuyen a los principios internacionalmente reconocidos.

Las Administraciones públicas no son ajenas a estos compromisos de reducción y, para fomentar dicha acción, han dispuesto diferentes iniciativas e incentivos económicos para el caso de España, entre los que destacan principalmente dos. Se trata de los Proyectos Clima, centrado en los sectores difusos (transporte, residencial, residuos, agricultura, etc.); y el Proyecto PIMA, enfocado a aquellas empresas inscritas en la “sección a)” del comentado Registro de Huella de Carbono (RD 163/2014). Para poder acceder a estos incentivos es necesario que los proyectos hayan sido verificados por una entidad acreditada, como es el caso de AENOR.

Emisiones compensadas para lograr la neutralidad

Una tercera opción complementaria en el marco de los compromisos de gestión del carbono es la compensación de las emisiones o lograr ser carbono neutro. Históricamente las empresas que han abordado este último compromiso lo han realizado a través de la compra en los mercados financieros de créditos de carbono. Créditos tales con los CERS o los VERS que emanan de proyectos MDL o voluntarios (VCS, Gold Standard, etc.).

Pero últimamente se ha incorporado una posibilidad adicional: poner en valor el medio natural y las posibilidades que ofrece la naturaleza para la fijación del carbono. La iniciativa más habitual es en terrenos forestales, pero no se descartan nuevas que están aflorando, como en terrenos agrícolas o incluso en el mar. 

Verificación






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